Urgente para mis lectores
AQUÍ TENÉIS UNA MUESTRA DE LO QUE SE PUBLICARÁ EN ESTE BLOG. ESTE ES UN FRAGMENTO DEL CAPÍTULO 1 DEL LIBRO QUE ESTOY ESCRIBIENDO, PERO NO ES SEGURO QUE LO UTILICE, HAHAHA!!! QUE LO DISFRUTÉIS Y DEJAD VUESTRA OPINIÓN, ES MUY IMPOTANTE PARA MÍ!!!
MI PROPIO IMPERIO
DE: ROMARIO CASTRO
Entré en mi habitación a recibir consuelo, pues me castigaron por haberle tirado del pelo a una niña de mi clase, no sé porque lo hice, solo sé, que ya nadie me entiende y cada vez más me quedo solo, sin nadie que me entienda. Bueno, dije, que hago ahora durante toda la tarde, ya sé, jugaré con toda mi colección de minerales o con los osos de peluche, sí, con lo segundo. Me levante de la cama para acercarme al armario donde guardo todos los juguetes. Cogí todos los que encontré, más o menos unos diez, también pillé unos cuantos complementos para ellos. Me puse a buscar tres objetos, que brillaban como diamantes, me aproximé hasta el final de la caja, cuando por un descuido, descubrí un hermoso colgante que en el centro parecía tener un precioso rubí, rojo como la sangre, pesaba como si fuera de oro macizo y consideraba que era obra de un verdadero maestro joyero. No sabía que era pero me lo quedo, exclamé, y continué divirtiéndome como si nada hubiera sucedido en mis aposentos. Habían pasado ya varias horas y sentía mucha curiosidad por saber para qué sirve tan hermoso colgante, a quien le pertenece...en fin, muchas preguntas a las que yo quería respuesta. Ya eran las seis de la tarde, mi padre estaba por llegar, así, tomé fuerzas y bajé una a una las escaleras temiendo que mi madre fuera a ordenarme otra vez que subiera a mi habitación. Finalmente llegué al último escalón, la puerta se abrió lentamente, mi padre trató de darme un susto pero yo reaccioné pronto. Buenas tardes, me dijo, como te ha marchado tu día, yo le respondí: no muy bien, me castigó mamá, por qué, respondió, por tirarle del pelo a Cintia, eso está mal, y además ya lo sabes, mañana en la mañana en clase le pedirás perdón y le prometerás que no volverás a hacerle nada, caso contrario, no te levantaremos el castigo, lo has entendido bien, sí, respondí con miedo. Pasamos a la mesa y nos sentamos, mi madre le contó todo lo sucedido, fue una suerte que me librara de tal encarcelamiento. Seguimos hablando de cómo nos ha ido el día como es costumbre en nuestro hogar, mi padre tuvo un buen día y mi madre también, excepto el disgusto del colegio.



